PERDIDO
Sois la hostia. Qué se nos ha perdido a nosotros en los ensayos. Cada día estoy más perdido en este taller.
Cuesta abajo.
Sois la hostia. Qué se nos ha perdido a nosotros en los ensayos. Cada día estoy más perdido en este taller.
Cuesta abajo.
Me lo contó una brecha hendida en el hielo. Su autoridad partía el lienzo blanco y mostraba su profundidad. Por ahí se colaba la vista hasta el vacío abisal. Un lugar tan amplio donde cabía todo, hasta la nada.
Me dijo: un bloque de hielo, que es una superficie perfecta, lisa, deslizante y facil de entender, puede ser un refugio. Increible si se piensa en su apariencia inhóspita, inasible, en su frío constante y su soledad. Pero para quien se encuentra entre placas de hielo todo eso no cuenta. Uno hace su mundo con el ondear de la vista, con las manos que palpan el presente, con los pies que hacen de sus pasos, recuerdos. Igual da selva, que desierto, que hielo polar. Tu hogar está donde te encuentres.
Las brechas separamos grandes extensiones de agua helada. Me explicaba. El hielo siempre es igual, tiene el mismo color, textura y temperatura, no importa hacia donde dirijas la mirada de vapor helado. Todo parece uniforme, pero tu vida lo hace singular. Uno se crea a pálpitos su propia conciencia en cada lugar.
Crucé al otro lado del hielo, superé la grieta, ese tajo oscuro, enigmático, y me sentí distinta. La naturaleza es la perennidad, nosotros somos un paisaje emocional transportable en el bolsillo. Pero faltan puentes, para mí el hielo nunca será igual a ambos lados de la hendidura. Su gran boca inerte dice que no lo entiende, pero sé que lo corrobora.
Aún convaleciente y sodomizado por una culebra que me sale del miembro viril, estuve en la tertulia del sábado pasado.
Leo lo que explica MªJosé de los deberes y no tiene que ver nada con lo que hicimos. Fue un ejercicio de cómo construir una historia con tres peesonajes y sus interrelaciones. HUbo un planteamiento de pizarra y luego cada cual a su cuaderno. Minerva se lució con una historia sencilla pero bien trabada y eso fue todo hasta el café, cuando yo tuve que abandonar la nave.
Esperaba haber encontrado a Virginia, pero se me están borrando hasta las facciones de su cara. Vuelve Virgi, no seas Medea!! Sin embargo estabamos un ramillete de primeras plumas, Tere, Gabi y Min, además del señor argentino, Milagros y una zagaleta que no recduerdo su nombre.
Comprobé con gran pena que la chocolatería ha muerto y están acondicionando un mini bar nada sugerente. Qué pena!!
Tienes toda la razón, Elba.
Aunque la salud se nos rasgue en jirones por el pasillo largo y oscuro en busca de la vida. Aunque el destino sea una caricia en el espejo, si alguien zascandilea con el azogue todo se muestra borroso. Mis manos se llagan por no atreverse a girar el pomo. El silencio es cómplice, es esa güega donde la mirada declina el horizonte.
Venga, regálame tu risa, salva lo poco que tuve de alguien. Sólo tu risa y volveré a morir por revivir una vez más.
Para tí Elba figurada, certero dardo de voluntad.
Soneto LI (Tu risa...)
Tu risa pertenece a un árbol entreabierto
por un rayo, por un relámpago plateado
que desde el cielo cae quebrándose en la copa,
partiendo en dos el árbol con una sola espada.
Sólo en las tierras altas del follaje con nieve
nace una risa como la tuya, bienamante,
es la risa del aire desatado en la altura,
costumbres de araucaria, bienamada.
Cordillerana mía, chillaneja evidente,
corta con los cuchillos de tu risa la sombra,
la noche, la mañana, la miel del mediodía,
y que salten al cielo las aves del follaje
cuando como una luz derrochadora
rompe tu risa el árbol de la vida.
Pablo Neruda
Quiero volver al silencio de las noches entre amigos, de alegría y charra, escuela de complicidades en un mar de esponjas colmadas de descubrimiento y risas. A ese silencio de los besos, del placer envolvente de nuestros sexos. Retornar al silencio de volar en un sueño, sentirme pájaro de nuevo, planear por sobre todo, flotar en lo inmenso.
Voy a encerrarme en ese silencio que queda tras cada momento pleno de la vida. Podrías ayudarme a conseguirlo por ver si de este modo acabo de comprender lo que soy, lo que te cuento.
Silencio
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
Octavio Paz
Estuve una semana en el hospital Royo Villanova. Muy bien atendido y sin
más dolor que sentirme como Prometeo, encadenado a tubos por los cuatro
costados. La felicidad siempre espera allá afuera, piensas, y sueñas con
el siguiente paso, la liberación. El 30 ya estaba en casa y mi piel sólo
respiraba velocidad, seguir progresando y verme en la arena dispuesto de
nuevo a todos los lances. Me sentía como si me hubiera despojado de mi ser
al saber que la próstata me había puesto cuernos, lo hubiera dejado
colgado del perchero al marchar de casa al hospital y ahora, una vez de
vuelta, pudiera cogerlo cual abrigo de invierno y dejar el episodio en un
paréntesis confinado en un lugar a la altura del limbo. Craso error. La
piel se ha hecho corácea y no tolera tu gesto. Empiezan las molestias
lógicas, que nunca existieron en tu imaginación, y te quedas compuesto y
sin novia. Diarrea enamorada de ti, esos bajos donde habitaba la glándula
traidora que se levantan en motín tras su condena a muerte, poco apetito y
menos sueño. Mucho tiempo libre y ninguna gana de disfrutarlo. No leo, no
duermo, no como, pero no me quejo, ni me desanimo. Mido el tiempo. Creo
que es mi aliado, me da masajes por todo el cuerpo y cada día tengo la
piel más receptiva para tolerar ese ser del que no me olvido, que espera
paciente y que soy yo.
Sin duda es un baño de humildad.
Así, en el estado del solitario que espera que el calor del amanecer le
secuestre y su luz le tienda la alfombra de un nuevo día, sigo el giro de
los planetas que me circundan, tendido con la mirada hasta el infinito
vertical.
La crisis está ahí fuera.
Lleva varios días lloviendo hacia el cielo. Las gotas emigran de los cuerpos y siguen su verticalidad antigravitatoria. Empieza a procuparme esta pérdida continuada de líquido corporal y pregunto. Nadie sabe la causa del fenómeno, pero he observado que sólo es perceptible en las personas más sonrientes. Los huraños no llueven.
Bendita Australia, cuya gente feliz irriga de esta manera a sus antípodas.
EL SÁBADO POR DESGRACIA NO PODRÉ ESTAR EN EL TALLER DE ESCRITURA POR ESO OS DEJO AQUÍ EL RECORDATORIO DE LAS LLAVES DE LA SALA DONDE NOS JUNTAMOS. TENDRÉIS QUE PEDIR A LA BIBLIOTECARIA QUE OS DEJE LAS DEL LLAVERO DE LA GARITA. ACORDAROS DE QUE LUEGO HAY QUE DEVOLVERLAS PORQUE LAS USAN PARA LIMPIAR. O SEA SALIR ANTES DE QUE CIERREN LA BIBLIOTECA
SI ALGUIEN TIENE HUMOR QUE CUELGUE UN RESUMEN DE LO QUE SE HA HECHO Y DE LOS PROXIMOS DEBERES ASI COMO LA FECHA DEL SIGUIENTE TALLER. A VER SI PUEDE ESTAR.
BESICOS
Lo que no te dijo tu fantasma es que no hay barrotes suficientes para encerrar los colores y las formas.
El fluir del río te lleva bella y azul. Es el medio adecuado para que todo se vivifique. Porque ese viaje no tiene por fin el mar sino la arena del camino. Hay tantas playitas donde varar que sólo es cosa de tiempo verte bella, rubia y con esa chispa en la mirada, con la alegría del que abre la puerta y ve el horizonte tangible y radiante. En una nueva costa abierta para tus grandes ojos, ahí donde proyectar de nuevo tu curiosidad, tu tacto sensible, el universo volverá a alinearse para que nunca termines de sentir a tu lado tu primavera.
El atrás hay que conjugarlo en pasado. Puede que no haya muchas fuerzas, que no sea tan fácil, que siga rondando por tu presente el azul, muy blue, de tu apariencia actual. Ya sé que no hay maquillaje que disimule el pesar. Aún así, esa playa donde sentir de nuevo el calor del sol, de pies a cabeza, te busca, quiérela tú también y toma posesión.
Ondea los cabellos para que suenen a campanillas caracoleras y abre bien los ojos. Deshaz las maletas del silencio y trepa por los brazos de la amistad que no te falta, alcanza la copa del baobab y grita fin. Pinta un calendario nuevo ilustrando cada hoja con la alegría que brota natural de las ramas de tu mesa animada y empieza a rasgar los días intensos y sin cargas de profundidad del ayer.
Si hay más mañana es para derrotar la pesadumbre, el aburrimiento, el dolor. Si hay más mañana es para vencer la amargura, para oírte reír y no tener que encerrarse por molestar a los demás ya que todos estaremos juntos en la misma persecución.
Adiós fantasma.
Di con mi cuerpo en aquella isla en el día del Señor del 15 de noviembre de 1785. El capitán no hubiera resistido más en aquellas aguas incómodas, sorteando corrientes en busca de vientos amigos. Llevábamos vagando dos semanas sin cuadrante, ni más orientación que mi intuición, por otro lado poco reconocida. Un golpe de fortuna hizo que el contramaestre se indispusiera y yo pudiera ocupar su puesto con lo que dirigí ese enorme cascarón justo a donde quería, la isla de Plantago. Ese era mi destino para todo aquel año en el extremo más austral de las tierras conocidas.
Vi cómo el navío se empequeñecía en el paisaje de un mar plano y luminoso y con la misma velocidad se borraban de mi cabeza los días de pesadilla que me costaron arribar a la ensenada donde ahora se apilaban todos los enseres que iba a necesitar para los próximos meses. Sin demora me conjuré a transportarlo todo hasta la pequeña caseta del faro.
Aún no había terminado la mudanza cuando sentí como si una sombra a mi derecha se desplazara rápidamente. Me giré y no pude ver nada especial. La tarde terminaba y me cobijé en la casita al pie del faro, mi casa para todo ese año.
Llevo dos semanas y la sensación de ser espiado me ha empezado a crear cierta ansiedad. Lo cierto es que no he podido detectar más que impresiones sin confirmación, pero la sospecha es cada vez más real.
No podía alcanzar a desvelar lo que significaban aquellas explicaciones escritas en el diario que tenía en las manos. Era un texto manuscrito del geográfo que desembarcó en la isla en noviembre del año pasado, al que venía a recoger. Lo peor es que no podía encontrarlo por ningún lado y la isla no daba para mucho. Todos sus pertrechos estaban en la caseta y de la comida ni rastro. Un misterio al que no podía dedicar más tiempo porque me esperaba el navío con una ruta que recorrer antes de la estación de las tormentas australes. Cerré la puerta llevándome conmigo el pequeño libro de anotaciones y retomé el camino de la ensenada. No cabe duda de que algo extraño pasó y que quizá estuviera implícito en esas impresiones escritas. Eso me trajo a la cabeza las leyendas que se contaban a cerca de la isla Plantago y sus fantasmas, que yo nunca di por ciertas.
El barco abandonó la costa frente a la islita y aún no se había perdido en el brillo del mar cuando unos seres mitad pez, mitad batracio empezaron a corretear por la playa entrando y saliendo del mar. La isla volvía a ser sólo suya, con toda dignidad, sin los disfraces ni las lágrimas de otros tiempos. Estaban dispuestos a jugar entre ellos y estimular nuevas historias a mi cerebro.
Aunque la mayoría de los adictos estuvimos en el Taller, Mª José llegó al final y Virginia no pudo estar, por lo que me permito hacer un resumen breve breve del resultado.
Empezaré por los ejercicios que propuso Borja para la próxima sesión, que por cierto será el día 24 de enero:
1) Escribir un relato con dos personajes principales siguiendo las pautas que nos dio en el taller.
2) HAcer una crítica de alguna cosa, una noticia, una película, una actuación, un hecho...
3) Argumentar por qué Barbastro tiene ese nombre. Como pistas a) Verbascum (planta) b) Gorga -- Borba -- Barbastro
Los personajes del relato. Son un asesino/a y un parado/a.
Hay que definir su perfil: nombre, edad, dedicación
Pensar en sus aptitudes, valores, traumas, motivaciones y defectos.
Crear un arco d e transformación del personaje. Cómo va variando con el tiempo y las circunstancias.
Los personajes deben tener unos antagonistas. Utilizar una subtrama para tener dos planos de acción
Definir claramente el conflicto
Ubicar el relato en un espacio/tiempo
Lo he plasmado tan sintético que no lo veo facil de entender, pero al menos teneis Virginia y Mª José una idea.
Seguramente si Tere se pone a resumir me dará vuelta y raya y veréis lo que os he querido transmitir, pero mientras apechuagar, pequeñas.
El 24 no estaré en el Taller, pero procuraré dejar mi relato colgado en el blog por si queréis verlo.
Ah! Para entrar en la sala de reuniones del Centro de estudios haced como el otro día y coger la llave del llavero de la garita de abajo. Pedirsela a la bibliotecaria y procurar devolverla antes de que se vaya de la casa.
Sólo tuve que mirarle la cara para ver la profunda cicatriz que surcaba todo su pensamiento. La tenía por una mujer atractiva, de esas en las que desearías bucear para leer poquito a poquito todos los recodos de su misterio. Intuí que era una personalidad, un perfil humano de los que están esperando la ocasión de hacerse permeables. Quizá era el momento. Le dije:
En invierno no es bueno prescindir del abrigo.
Pues mi abrigo era de piel de oveja y este invierno se ha convertido en un lobo que no para de clavarme dentelladas. Como comprenderás prefiero morir de frío que desangrada.
No sólo se hacían más evidentes la cicatrices sino que afloraban las causas. En ese estado de complicidad me atreví a pasar el brazo sobre sus hombros y decir:
Venga Anabel, aprovecha, ¿para qué estamos los amigos?
Si fuera el aeropuerto de Casablanca hubiera dicho, “Creo que éste es el principio de una gran amistad” y se hubiera acabado la película entre la bruma. No era ese el escenario, así que, aún habiendo pasado muchos años desde entonces, sigo deleitándome con la conversación que Anabel me procura y creo que no me cansaré nunca.
Compañeras de afición, muy queridas amigas,
Abro el ordenador tras volver de Zgz en un día en que la nieve se empeña en hacernos pensar que el tiempo se ha detenido, que la Navidad, por una vez en la vida, puede prolongarse todo el año.
Pero el tiempo no para, es evidente, y puedo asegurarlo mientras reflexiono con tranquilidad lo que me han explicado con detalle esta mañana en el Hospital Royo Villanova.
En definitiva, me han confirmado lo que los análisis ya indicaban y no es otra cosa que tengo células patógenas en la próstata. En fin, el tiempo, ya lo veis, corre más de lo que querríamos. Suerte que podemos coexistir con él en línea o en capas, pero de la mano.
Perdonad este largo preámbulo, pero sois los primeros a los que explico esto y aún ando con la impresión contenida, pero afectada.
Así que a lo que voy. El día 20 próximo me operarán de próstata y será lo mejor que pueda ocurrir ya que si no fuera por haberlo encontrado ahora, quién sabe por qué laberintos hubiera tenido que circular, mejor no pensar tanto. Estoy de suerte, pero no deja de ser un impacto que me tendrá una semana hospitalizado y entre un mes y medio a dos de baja posteriormente.
Tic-tac, tic-tac. El corazón y el reloj siguen en marcha, voy a continuar su curso, pero descuidad que no voy a soltar amarras de este grupo de escritura, claro que no, aunque tenga que hacer un mayor esfuerzo del que ahora pongo. Nada como esta actividad me va a servir para recuperar la normalidad tras el trauma que supone someterte a una operación. Y si me da por perder el ánimo, seguro que me lo levantará el trabajar en equipo con vosotras en esta pasión, pequeño delito que nos engancha, de juntar palabras.
Nacho
Otra noche más sin dormir. He ocupado todas las horas en excavar el largo túnel que estoy convencido será la espita de la liberación.
Vivir en una cárcel no es sólo cumplir condena, es ver cómo otra gente la cumple también contigo. Esa sensación tiene un efecto catapulta y mueve los mecanismos de la lucha. Por eso estoy excavando este túnel. Responde a un aldabonazo que palpita potente en mi cabeza. Si he puesto en marcha mi decisión y en juego toda mi energía es por el convencimiento de que este recinto es un artificio cuyas paredes hay que saltar. Ni nadie debería estar preso de sí mismo, ni yo soy capaz de poder vivir si no abro este paso a la libertad a todo el que me quiera escuchar.
Mañana espero respirar aire nuevo. Veo el final en la punta de los dedos. Esta será la última noche
de insomnio rascando tierra hora tras hora.
Y así fue. El paso quedó expedito. Desde entonces han cruzado la línea tantos compañeros que ya he perdido la cuenta. Todos han salido contentos, deseosos de ver la luz con toda la gama del arco iris. Han recibido mi empujón, sí, pero la energía que da el saber que tras un corto recorrido serán libres, esa la han puesto ellos. Totalmente ellos, lúcidos y felices de encontrar una mano amiga que les brinde la salida.
Siento un orgullo fácil por haber facilitado el camino a toda esa gente y lo único que lamento es que nunca podré hacer el mismo recorrido porque sólo yo conozco la clave de salida. Yo la ideé y ahora soy el guardián del paso de esta ventana espacial que lleva allí donde cada uno quiere estar. Por eso cada vez que doy paso a un nuevo compañero, nunca lo hago con tristeza, lo miro con alegría y al despedirlo sonrío. Aunque yo me quede en esta habitación mis personajes viven por mí. Mi piel se reparte por todos sus destinos y ponen un exponente sobre mi cabeza que hace que me multiplique ene veces por mí mismo.
Detrás de la ventana nevaba, pero había mucho calor en su interior. Se sentó y siguió escribiendo con total serenidad. Algún nuevo personaje estaba a punto de cruzar el túnel y había que preparar todo para el viaje.
Amo las cosas repentinas. Las que se organizan en un momento y te sorprenden. El estruendo de los tambores al romper la hora en Calanda, el morro del tren asomando en la curva antes de la entrada a la estación con tu cara feliz pegada a la ventanilla del primer vagón, una sombra amagando un susto al franquear sigilosa la puerta, que se convierte en dos risas. Las pequeñas cosas, las más importantes, son anécdotas sin previo aviso. Los “acontecimientos” por contra, son previsibles, como la invasión de Iraq o el descenso del Zaragoza a segunda.
El paisaje se llena de augurios y personajes al llegar fin de año. Me temo que la morfina que en esta fechas desprende algún planeta a su paso por nuestra atmósfera tiene algo de culpa, pero bienvenida sea. Me apunto a la adicción, al trastorno temporal colectivo, aunque espero que la poca consciencia que me quede sirva para seleccionar mis afectos.
No abras los ojos, tu bosque ha crecido tanto este año y está animado. Como en un teatrillo de guiñol tu cabeza es capaz de dotar de vida a tu universo sentimental y además incluirte dentro. Disfruta del elixir de fin de año, de esa morfina generosa que se espolvorea frente a personajes de ficción llenos de regalos y dibuja tu sonrisa leonardesca al cerrar estas horas. Mañana verás cuan grande es el poder de la fe o cómo seguimos tú y yo en este coloquio con la existencia. Tan ricamente.
Pasan las horas, pasan los días, los meses y los años, pero eso sólo es un referente del tiempo. Lo más importante, lo que contrasta el movimiento de la arena al caer, son los ojos de las caras que lo miran. Mientras tengamos ojos que comuniquen cariño, sepan acoger el recuerdo y proyecten ilusión y expectavivas, podrá vaciarse la arena del desierto y el tiempo seguirá siendo un aliado para tenernos.
Pasa pues la última hoja del calendario, pero lo más sentido, lo que tiene valor y más queremos, lo que nos hace grandes frente al tiempo, eso no ha de pasar. Estamos en ello.
Y lo escribiremos, a buen seguro.
Aquellos días eran los más especiales del año para él. Pensaba en ellos cada uno de los restantes y aquella hubiera un claro desequilibrio entre un número y otro, en su espíritu, los escasos días de Navidad eran más largos que la suma de todo el año entre medio.
Llegando a esas fechas se transfiguraba y dedicaba las veinticuatro horas del día a escribir y dibujar. Dibujar motivos para sus felicitaciones y escribir textos elaborados para remitirlas una a una a sus destinatarios.
Ahora lo pienso y me parece esquizofrénico cómo partía mi vida en esos dos tiempos con tanta normalidad. He reflexionado y creo haber llegado al justo equilibrio: En Navidad escribo felicitaciones y el resto del año escribo de todas las cosas.
Os deseo un año de cuento. Si no lo queréis escribir ya os lo escribiré yo, siempre con feliz final, menos para Mª José, que tiene su propio estilo final.
Los copos de nieve temblaban temerosos de caer. Tenían miedo de perder la pureza de su estado blanco, inmaculado, en cuanto aterrizaran. El cielo, más confiado, se iba poniendo gris y gris más anciano, a punto de explotar a llorar. Era lo esperado, los días de Navidad han de cubrirse de blanco para hacer de esa imagen su postal más realista.
Y nevó. Empezó con un tímido toscón que duró apenas cinco minutos, después se desató la tempestad. Nevó el día 24, toda la noche, nevó el 25 y sin parar hasta 25 meses después del día de Reyes. Entonces cesó. Nadie pensaba ya en una blanca Navidad porque la blancura lo había arruinado todo.
Fue a partir de ese año que la tierra entró en la actual edad glaciar. No supuso ningún trauma, sin embargo. Ya sabemos lo adaptables que somos los humanos. Se excavaron galerías y en cierto modo se volvió a la vida cavernícola, los pocos que pudieron sobrevivir.
Podría acabar así:
Estos días de fin de diciembre vengo soñando con una blanca Navidad, pero al leer este cuento, he sido feliz teniendo unos días fríos, secos, levemente soleados, pero sin nieve. Tras las ventanas de la Residencia la meteorología es mi distracción. Miro y miro el tiempo mientras aguardo la llegada de mi hija, su mujer y ese diablillo de hijo que me trae loca. Es una razón más para mi encierro en este psiquiátrico.Todo es tan negro aquí que, a pesar de todo, casi preferiría que nevara, que todo quedara cubierto de blanco. Que cayera una lápida blanca sobre mi vida tapiada en este agujero.
Otro final:
Un día soñé con una Navidad radiante, calurosa y solar, sólo tuve que cerrar los ojos y al abrirlos aparecí en Manly beach en la bahía de Sidney. ¿Era posible? Ya no vagaba por los estrechos túneles que me habían encorvado la espina dorsal. Podía ver con normalidad, atrás la ceguera por vivir en la oscuridad casi absoluta. Me hice con una tabla de surf y enseguida estaba sobre las olas dominando su manejo. En mi ilusión no caí en la cuenta de que Navidad en el hemisferio sur es en verano, por eso me extrañé de ver unos nubarrones muy negros crecer en el mar. Al poco estaba nevando copiosamente y la gente trataba de cobijarse a toda prisa. Y nevó el día 24, toda la noche, nevó el 25 y sin parar hasta 25 meses después del día de Reyes. Entonces cesó. Nadie esperaba una Navidad blanca en pleno verano, pero lo fue y lo arruinó todo. Empecé a excavar galerías y a volver a la época cavernícola.
Cuatro barrotes de acero me separaban del mundo y en mi mente sólo había nieve. Volví al taburete y seguí escribiendo esta historia mientras tocaban a cenar. Lo de la gran nevada suena terrible, pero este penal es mucho peor, creerlo.
En el mundo de la farándula somos lo que mostramos. Nunca estaré enfermo, aunque me muera, porque la mirada no me traicionará, ni un gesto de flaqueza, ni un temblor en la piel, ni en los párpados. Todo se desmorona, pero mi ademán seguirá impasible, mi voz uniforme, mi aspecto sin mácula. Un artista debe cuidar su imagen si quiere mantener su "appeal".
Mira ahora el reverso de la piel y leerás las dudas, las inquietudes, los miedos, las muertes que encierra la fachada del hombre estrella. ¿Con quién habrá de confesarse para rehidratar su vida, para hacer de nuevo de piedra el cartón de su imagen? Es eso o desmoronarse por dentro. Nadie es indemne a los surcos del tiempo, a las dentelladas de los próximos ni a las reflexiones propias. Pero el artista no lo aparenta, a él no se le ve.
Desdichado fingimiento, zanja que cierra en círculo la soledad descompuesta de quien no puede llorar. Hasta que decide llorar y el llanto brota como torrente, como voz de canto brillante, con toda intensidad y total liberación. No hay más solución que levantarse, por veces que se haya caído, porque caerse es natural y alzarse nos hace personas.
Si yo lo sé no es porque sea adivino, es porque lo creo. Ahora, créelo tú mismo.
La pequeña ventana en lo alto le resultaba imperceptible en aquellas horas negruzcas. La luna en su fase oculta escondía su brillo y en complicidad con las tinieblas de sus pensamientos cubría sombríamente el aire de nada. Se había hecho la nada.
Su pequeño agujero negro estaba cargado de razones, de palabras y de rabia. Por ahí debía empezar. Los sentimientos fuertes hacen avanzar si son digeridos con presteza, se indigestan si se intentan rumiar. Le dolía todo, el estómago, la cabeza, el alma.
El gran vacío de la estancia le pareció un simbolismo, el espejo de sí misma, una gran mancha oscura donde había desembocado su torrente generoso. Se tumbó y dejó la mirada perdida, en suspenso.
No había ningún reloj, ni más ruido que su corazón batiendo enérgico. Debió ser cosa de su imaginación porque vio girar una manecillas a toda velocidad al son del timbal de un tic-tac enloquecido. Se incorporó hasta sentarse y de sus ojos salieron haces de luz, potentes focos que daban color a la noche. Sus oídos se abrieron de golpe y empezó a percibir hasta el más leve de los cumplidos. Su boca empezó a articular palabras que brotaban con el desparpajo de quien tiene del don de la elocuencia. Todo se decoró de luz y de imágenes. Todo menos una esquina del universo donde en una cajita descolorida pendían las lágrimas que perdió en el tormento, ya lejanas, olvidadas y tal vez huérfanas para siempre.
Volvía a estar sola. Sola, pero acompañada de su bulliciosa soledad.