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Trastos & Letras

Mª Jose

El amor no tiene sexo

¿Por qué no me chupas la polla?

Por que no me da la gana. ¿Qué pasa?

¿Por qué no te desnudas para mí?

Pero… ¿No eres capaz de pensar en otra cosa?

Yo no pienso nada. Tú no me quieres

Pues mira… Podría ser. Me levanto y me acuesto con las mismas palabras en el oído. ¡Chupame la polla! ¡Déjame las tetas!

Pablo la mira de reojo. Su mirada es de asco, de reprobación y de cabreo monumental, todo ello a la vez.

Me voy a buscar otra mujer, tú ya no me sirves para nada. Tú sólo quieres mis dineros.

Pero si llevas en el paro más de 10 meses, y antes de estar ahí, llevabas 5 meses sin cobrar. ¿Qué coño me estás contando, tío?

¡Claro! Ahora que ya no gano dinero ya no soy nada. Soy una mierda que no tiene derecho a disfrutar del sexo con su mujer. Pues que lo sepas, si tú no me das lo que quiero, me iré de putas.

Pues ya estás tardando, y sobre todo págala bien, no vaya a ser que encima de todo te ponga calentorro y luego tenga yo que pagar el pato. Pero que sepas que si te vas de putas aquí ya te puedes ir olvidando de vivir.

¡Y una mierda! Si me voy de putas es por que tú eres una estrecha de mierda. Me voy a buscar otra

Mejor búscate dos, por que a una sola la vas a agobiar y te vas a quedar más solo que la una.

¡Zorra! Tú eres capaz de cualquier cosa con tal de que no te toque.

Sabes que te digo… ¡Qué me das asco! Toma coge 100 euros y hártate de follar, cacho de cabrón, mal nacido, desgraciado. ¡Venga… Cógelo y vete de putas! ¡Vete de una maldita vez!... y no vengas hasta que estés harto de putas, tetas y de mamadas.

Pablo cogió el dinero sin pensarlo y echó escaleras abajo como un poseso.

Llegó a casa a las 10 de la noche o poco más. Metió la llave en la puerta. La llave estaba echada. Abrió la puerta despacito. No se oía ni un ruido. Las luces y la tele estaban apagadas. Se fue directo a la habitación. La cama estaba hecha. Abrió los armarios. Laura se había ido y se había llevado sus pertenencias. Fue al baño, también se había llevado sus cepillos, horquillas, peines, champús y hasta su gel de baño de esencias florales.

Recorrió toda la casa, ni una sola nota, ni un aviso en la nevera. Nada.

¿Quién es? respondió Laura al descolgar el móvil

La señora Ramírez, ¿es usted? preguntó una voz desconocida al otro lado del teléfono.

Sí, soy yo ¿Qué pasa?

Hemos encontrado a su marido en el baño de su casa en avanzado estado de putrefacción.

No sé nada de él desde hace varios meses, día en que le abandoné.

La muerte ha sido por suicidio según el forense, ¿Le importaría venir a reconocerlo?

Pues la verdad…

Sólo será un momento señora. Luego estará usted libre…¡Por favor!

Está bien, en dos horas estoy allí.

Sí, es él. No me cabe ninguna duda.

¿Tiene idea de por qué se ha suicidado?

No. No tengo ni idea. Pero…

Pero… ¿Qué?

Se me ocurre que alguna otra zorra también se haya negado a comerle el rabo, y con dos negativas no pudo… Un placer agente. Si no se le ofrece nada más, yo me voy.

 

 

DOS EN UN CENTRO (coloquio chorras)

-¡Ostia, tío! No te he visto colega. Estaba yo enfrascao en mis historias...

-No pasa nada.

Ei, tío, qué fuerte! ¿No?

-¿Qué pasa?

-¿A ti, te gusta la música jebi?

-Si, ¿qué hay de malo?

-No, na, es la mejor, pero...

-¿Pero qué?

-No, joer, sólo que... Vamos, tío, que con esa pinta que llevas... Me parese imposible

-A ver, ¿Qué para escuchar música heavy hay que vertirse de una determinada manera o qué?

-Bueno, no te mosquees colega. Pero la gente que escucha el jebi no va como tú. Con esas pintas, a ti lo que te pega es el rollo "Grease"

-¡¿Qué?!

Joer, coño!, pareses salio de la universidad de Hale por lo menos... Sólo te falta la gorrita y que en la chupa tengas la pegatina esa de Hight College, o como se diga eso.

-¡Ja! Pues podría ser, pero voy a un instituto público en Barcelona.

-Y...¿Qué hases aquí en Madrid?

-Pues mirando cd`s. ¿Por?

-No, si el asento lo ties catalán que te cagas, tío.

-Pues tú por como hablas tampoco eres de aquí

-Nooooo, soy Extremeño.

-Sí, de por ahí del sur te hacía yo

-Oye, tú que sabes de estas cosas, ¿Qué libro le compro a mi churri?

-¿Tu churri?

-Sí, tío, a mi parienta, mi piba... ¿Lo pillas?

-Pues yo que sé. No tengo ni idea de como es tu novia.

-¡Eh, eh, eh! Para el carro xaval, ¡que no! Yo,... eso de novia, no me va. Mi churri y yo follamos, salimos, pero de amor na, ¡eh! Que te quede claro.

-Bueno, vale no te pongas así. Pero a fin de cuentas es lo mismo.

-Paresio, na más.

-A ver, dime , ¿Cómo es ella?

-¡Buah! ¿mi piba? Mi piba es una cañón de tía, está wenorra que te cagas. Tié una tetas, ¡Uau! Mi churri es la polla.

-¡Ah! Me alegro por ti, pero eso no me ayuda a elegir un libro.

-Joer, es que las tías son cantidad de difisil asertar con ellas.

-Eso también, pero lo que me interesa saber es lo que le gusta a ella.

-A la Sole, lo que le va es el rollo, le mola cantidad el folletín.

-¿El folletín?

-Sí, coño. Xaval le gusta que la monten más que a la cabra de la legión.

-Pues entonces... Creo que ya sé lo que le puedes comprar. Cómprale un libro de la Sonrisa Vertical.

-Y eso...¿Qué es lo que es?

-Son libros de literatura erótica. Y esos los podéis aprovechar los dos.

-¡Ostia! ¡Genial! ¿Ya te has elegio el disco?

-Sí

-A ver, ¿qué tas pillao?

-Este de The Children of Bodom

Juer! ¡Qué joputa! ¡Te va el Trass Metal!

-Pues... sí, me gusta.

-Pues ...vete pagando que te invito a una copa. Mas caio bien xaval.

-Pues...gracias

-De na tío. Por cierto ¿Cómo te llamas?

-Pau ¿Y tú?

-Indalesio pa lo que quieras.

 

 

HOY ESTOY TRISTE, MUY TRISTE

HOY ESTOY TRISTE, MUY TRISTE

Me queman tus palabras mudas,

lloran mis cimientos duros,

persiguen el aire mis quejas,

mas no llegan a buen puerto.

.

Los días son siglos de mutismo

las horas se alargan como el ciprés

revientan mis venas de pena

estiro el horizonte y no te hallo.

.

¿Volveran tus palabras como las golondrinas,

o ya los balcones se harán añicos?

¡Ojala, que tuviera la respuesta!

Pero solo tengo temor y frío.

.

Se que regresarás en algún momento

y quiero tener siempre en mis labios

una sonrisa, para ofrecertela

como regalo de bienvenida.

.

El latido se cortó de repente

se amputaron caricias y besos

sólo cabe el amable recuerdo

en mi cabeza, loca de ausencia.

.

Siento tan dentro esta mantra

de languidez, soledad y tristeza,

que creo que encontre a la dama,

de la parca negra y su compaña.

.

Amigo vuelve pronto a las arenas

el desierto amenaza con devorarme

soy guerrillera que lucha con el corazón

rebosando exilio de un miliciano.

ROMPIENDO MOLDES

ROMPIENDO MOLDES

ROMPIENDO MOLDES

 

Tengo en mi interior un volcán deshecho.

Miro su profundo cráter, y se vuelve infinito.

No es de lava, ni de azufre, ni de piedras,

Es un puro totalitarismo de penas y encuentros

.

Rezuman en el, los desheredados del tiempo,

Vuelven a la caza de brujas, de hados y duendes.

Batallan en la guerra con sus hachas, sus cotas de malla

Y sus perros sarnosos, sedientos de carne podrida y sangre.

.

Se dibuja en el cielo, un semicírculo de colores muertos

Y siente aquel que se acerca, el dolor y el miedo.

Atronan los tambores, en el helado y feroz vendaval.

Luces y flases, adornan el universo en su reflejo.

.

La luz muere donde acaba el horizonte del ojo

Las estrellas se refugian pertinaces tras la techumbre,

Ni mis suspiros, ni mis llamadas, escuchan ni oyen

Es llegado el momento para el silencio. .

.

Cuando escupe, salen sierpes, sapos y excrementos.

El alma aterida, reclama paciencia a la lucha brutal,

Encarnizada escultura de la impaciencia rota

Revienta oídos, susurros, traiciones ciertas en corazón ajeno.

.

No hay remedio, me sumerjo en su hoyo hondo

Grito al aire, nadie me oye, nadie responde

Dentro de mí, se regurgita un bronco aliento,

Soy yo, mi mundo, soy lo que soy, lo que tengo.

.

 

HOY HE VUELTO A CAER

HOY HE VUELTO A CAER

Hoy he vuelto a caer.

Hoy, tu saliva y la mía

Se fundieron

Hoy, en un beso verdadero

He vuelto a dar la voltereta

He vuelto a amar lo imposible

Hoy, sí, hoy he vuelto a caer

 

Hoy  he sentido la llamada del ayer

Tu cuerpo y mi cuerpo

Mezclados al amanecer

Sublimando mi último querer

Hoy, por fin, he vuelto a caer

 

Hoy, un vez más, he sentido

Un fuego que hiela el alma

Y funde lo que no quise saber

Hoy, tú me amaste

Y hoy, yo he vuelto a caer

 

Hoy, en tus redes mentirosas

Hoy, en tus palabras inertes

Hoy, en un amor inexistente

Hoy, he vuelto a caer

 

Hoy, como ayer

Ni hubo beso,

Ni saliva

Ni amor

Ni cuerpos

Ni alma

Ni red

Ni palabras

Volvieron a nacer

 

Hoy como ayer

Me equivoqué

Hoy como ayer

Tu burla escueta

Se rió de mi perecer

Hoy he vuelto a caer

En la mentira del ayer.

 

 

 

YO, LAS LETRAS Y LO DEMAS

YO, LAS LETRAS Y LO DEMÁS

Arrinconada y postrada

Me siento cada día,

Con las armas dispuestas

Para la dura batalla.

Desnuda y con valor

Afronto la tempestad,

Y sueño las letras

Y poderlas dominar.

Busco la forma

De ligar y desligar,

Encontrar el sentido

De palabras al azar.

Mas me encuentro sola

En el difícil arte

De crear e imaginar

De enroscar palabras

Y su significado desbrozar

Busco trascender

Al lejano eco

De la mente opuesta.

Intentó revolver

Dentro de mi cabeza

Probabilidades muchas

Posibilidades pocas

Marco el camino

Hacia la nada tosca

Reinvento el despropósito

De la actividad creadora

Muero en el intento

De deshojar amapolas

Margaritas indispuestas

Me niegan la sabiduría

Sus pétalos alternan

Las afirmativas y,

Negativas respuestas

Y al fin quedo yo

Soñando con tulipanes

Fresnos y hayas

Y fresas salvajes

Su olor, su dulzor

Se me prestan

Para crear sin rubor

Poesías como esta

—No se me ensañe

Doña enlabasilica,

Que debe usted saber

Que no soy barroca

Que tengo poca,

O ninguna destreza

Pero sueño poder

Algún día ser poeta—.

He dicho.

Que conste en acta que ésta me ha costado 10 minutos y treinta y ocho segundos, medidos con reloj

El día que le dedique media hora, ¡Ay! igual me sale algo peor, jejejej

POEMA (PESE A QUIEN LE PESE)

POEMA (PESE A QUIEN LE PESE)

Tristeza inmisericorde

Robada a la luz de la mañana

Retomas caminos de verdes alas

Y en las dunas del destino

Aterrizas sin nada.

.

Rutina es el perímetro

Que rodea tus nalgas

Vuelas en semicírculos

Hacia un sexo de telarañas

Nada tienes, menos buscas.

.

Romper el dolor

Es más simple aún

Que las matemáticas

Solo es cuestión

De morir sin balas

.

Soñar, vana ilusión

De regocijos falsos

Vivir, orillas de río

De basura, de agua

De ranas contaminadas

.

¿Para qué, añorarte?

No. No te extraño

Si. Sí lloro,

Partido se fue

El despojo del latido.

marinera y su mundo

marinera y su mundo

Marinera surgió de la necesidad de crearse una identidad falsa, para poder chatear en Internet

Marinera es extremadamente extrovertida, es una mujer, peleona y provocativa, sobre todo con el sexo masculino.

Marinera se identifica con la zona del Mediterráneo, no importa sur este o norte, le da igual. Nació de la canción de Serrat: "Nací en el mediterráneo", ella también, su fin en su existencia es dar una nueva esfera a Mª José, la persona real que la alberga

Marinera es digamos una salida lateral de escape de Mª José, con la particularidad que marinera no es nadie y lo es todo a la vez, comparte vida con su progenitora, es decir yo, pero a la vez tiene su propio mundo, sus propias amistades, su forma de expresarse y sentir, que no siempre coincide con la mía.

Marinera tiene el arte de meterme en muchos líos, y que al final siempre acabo indultándola de su muerte.

Marinera es esencia y substancia de Mª José y a la vez es ella en su totalidad. No tiene padres, ni hermanos, ni familia conocida, ni fronteras reconocidas, es internacional y es un ángel demoníaco que piensa que no hay límites para ella, y en verdad, se gana la carta blanca.

Marinera es casi un institución en Internet, hay muy poquita gente que no sepa de ella, sino directamente por terceros, goza de buena salud y mejor humor, y además se gana amigos aunque diga barbaridades, es anárquica para todo, no tiene distinciones, es amable, sarcástica en demasía, irónica más de lo que debería, y directa además de sublime con sus colegas internautas.

Marinera es un sueño, y una realidad, esta última no la acepta y se queda en un sueño, vivido desde la Campanilla de Peter Pan.

Marinera es un sueño y es tangible, es un centro sin vértice, una circunferencia cuadrada, un ovoide rectangular, o todo lo contrario, Nunca será aquello que quieras, tan sólo lo que no digas

Marinera es amor, es ternura, es rabia, es ira, marinera soy yo

 

 

 

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO

VIOLENCIA DE GÉNERO

Hay algo que nunca entenderé. ¿Por qué una mujer puede llegar a depender tanto de un hombre, y de tal forma que se deje matar por él?

Hoy os voy a contar una historia que bien podría ser real, en la que se plantea la pregunta anterior, y a la que no logró darle explicación.

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO.

Amalia, se levantó de la cama como borracha, su cabeza estaba más abotargada que de costumbre. Oía a los pájaros cantar en el jardincillo de la puerta trasera. Se imaginó una linda mañana de primavera en su cabeza dolorida. No la podía ver. No quería levantar las persianas.

Sabía que la noche anterior, todos los vecinos habían sido testigos no presenciales de la fuerte discusión mantenida la noche anterior.

Se había ido, y… ¡Ojala, no volviese nunca!

Las mañanas antes de conocerlo eran brillantes, llenas de vida, eran ventanas asomadas a la esperanza, eran, eso… tan sólo mañanas. Tranquilidad, felicidad, alegría, señal de que un nuevo día se abría y posibilidad de encontrar ese ansiado amor de su vida.

El mismo día que lo vio supo que era él, y así fue.

Andrés era un chico maravilloso, con unos ojos azules intensos, y de mirada casi inquisitiva. Una sonrisa que enamoraba, tanto por sonoridad como por su impecable dentadura blanca, brillante y cuidada.

Cuando le propuso que fuese su novia, no cabía en si de gozo. Era amable, cariñoso, casi en exceso, siempre pendiente de su ropa, de sus miradas, de su sonrisa, de sus palabras.

Había algo en su conducta que la asustaba un poco, y es que siempre buscaba sitios solitarios, pero nunca le hizo ni le dijo nada que la ofendiese. Era muy correcto y para todo pedía permiso. Aún recordaba el primer día que estaban a punto de besarse y él le pregunto: ¿Puedo?

En la ensoñación de ese recuerdo una sonrisa le amaneció en la cara. Pero cuando llegó al lavabo y vio su cara reflejada en el espejo, toda la magia se rompió, igual que se rompieron la noche anterior sus pómulos, su ceja, su labio superior, y una de sus palas bajo el puño hiriente y ofensivo que sólo buscaba la sangre en su tacto.

Al rodar de sus lágrimas, otro recuerdo feliz le llegó. El día en que se casaron. Lo pasó mal, pues Andrés estaba muy nervioso, miraba constantemente vigilando a todos los invitados, a los que se les iban los ojos detrás de ella.

Y no era de extrañar, estaba hermosa, radiante, nunca lució su rostro una alegría mayor. Su pecho se le salía de gozo. ¡Cómo amaba a ese hombre!

La noche de bodas, fue irrepetible, no había en el mundo hombre más enamorado que Andrés, todo él se deshacía en carantoñas, caricias, palabras tiernas, besos, hasta cuando le hizo el amor derramó en ella tal suavidad, tal paciencia, que ella pensó que había alcanzado el mismo cielo. No podía creerse la suerte que había tenido.

Él le decía lo hermosa que era a cada momento, cuanto la iba a mimar y a cuidar, recuerda como cogió sus manos y las llenó de besos, y juró y perjuró protegerla y mimarla hasta la locura.

¡Locura! Esa palabra le hizo recordar otra clase de locura.

Se dejó caer descuidadamente, resbalando por las baldosas del cuarto de baño. Miró sus manos, antes envidia de todas las vecinas, ahora motivo de vergüenza, soledad y aislamiento. Siempre salía a la calle con guantes, decía que la alergia al sol le provocaba ronchas muy dolorosas. Perdió su mirada entre los múltiples arañazos, golpes, quemaduras y hasta diminutas mutilaciones en los dedos producto de las brutales palizas y ensañamiento cuando su marido entraba en estado de shock, tras una crisis de celos.

En su cabeza navegaban ahora, los primeros síntomas de su enfermedad asesina. Recordaba las pequeñas discusiones que tenían cuando se pintaba o se arreglaba para ir a hacer la compra, y ella se lo tomaba a broma y le mandaba besos y guiños de ojos que tan a menudo se dedican las parejas de enamorados. Entre el llanto y las lágrimas, se intentaba superponer la sonrisa de antaño, pero el dolor de su mandíbula amoratada e hinchada le convenció de que definitivamente era una mala idea.

No era tiempo para la alegría, si no para el sufrimiento. Su cabeza no podía pensar, solo su corazón pedía con gritos desgarrados pero inaudibles que aquello terminase, que no volviese nunca más, pero el siempre volvía y ella siempre lo perdonaba.

Al principio fueron las palabras que pasaban de un gradiente a otro más lesivo, cada día avanzaban en la degradación de su imagen, de su autoconfianza, de su autocontrol, hasta llegar a nada. Los “pareces” se convirtieron en “eres”, los “¿no te da vergüenza?” a “desvergonzada”, los “como una cualquiera” en directamente “puta”. Cuando las palabras ya no fueron suficientes para calmar la zozobra del empellón, empezaron los guantazos con la mano abierta, los escupitajos, los puñetazos en las puertas, en las paredes, los gritos en lo techos, nada podía parar ya la ira y la demencia de aquel que se declaraba enamorado y fiel custodio de la felicidad de Amalia.

Desparramada en el baño, desnuda, a medio cubrir con un albornoz, dejaba al descubierto aquellas maravillosas piernas que antaño lucía debajo de unas minifaldas. Ahora entre sollozos miraba y rebuscaba en ellas algún vestigio de lo que fueron en otros días, donde el sol brillaba desde el amanecer hasta el anochecer.

Desde hacía unos cuantos meses, quizá más de un año, las llevaba con medias negras gruesas, y a las que preguntaban, que cada vez eran menos, les decía que llevaba esas medias por recomendación del médico por que tenía muy mala circulación. Pasó sus macilentas manos por sus piernas como acariciándolas, y descubrió seis moratones más que los de la semana anterior. Se dio cuenta del deforme abultamiento en su rodilla izquierda. No se había percatado del dolor hasta que presionó con el dedo, estaba lleno de líquido sinovial. Se levantó lenta y torpemente hasta erguirse y abrir el armario del espejo. De el sacó unas agujas de jeringuillas, y se las aplicó directamente al bulto, ya tenía experiencia en estos sucesos.

¡Andrés! Le vino a la cabeza ese nombre como una salvación, ya no recordaba cuando fue la primera paliza de verdad, con puñetazos y patadas, ya no recordaba el motivo que la produjo, sólo quería saber ¿por qué? Esa respuesta no llegaba, sólo llegaban golpes y más golpes. Ahora ya no necesitaba un motivo para pegarla, sólo tenerla delante lo enfurecía, y si no la tenía aún lo enfurecía más.

Ya nada tenía remedio. Tenía que vestirse y arreglarse, eran casi las doce del mediodía y Andrés estaría a punto de llegar. No había tiempo que perder.

Ducharse no le pareció una buena idea, mejor hoy sólo se lavaría bien. Se recogió el pelo con las manos, el peine haría que sus heridas ya secas volviesen a sangrar. Se puso una bata amplia encima del pijama. Y se fue a hacer la cama, limpiar el cuarto de baño. Cuando acabó maquinalmente se metió en la cocina para hacer la comida.

Hoy le prepararía su comida preferida, le pondría la cubertería nueva y la nueva vajilla que le regaló Andrés por Navidad. Necesitaba tiempo para cuidar las nuevas huellas del amor de la noche anterior.

Ya lo tenía todo preparado.

Andrés abrió la puerta despacito.

—¡Amalia! ¡Amalia, cariño! Mira te he traído flores, y unos bombones.

—Andrés… ¿Qué pronto has llegado? ¿Qué ha pasado?

—Nada mujer, te traje unos regalos para que perdones mi comportamiento de ayer. Tú sabes que yo te quiero mucho, Que yo por ti haría cualquier cosa. ¿A qué lo sabes amor?

—Sí, lo sé —respondió con un hilillo de voz—. Lo sé.

Amalia lo vio claro, era cuestión de unas pocas palabras y todo acabaría.

—Andrés…

—Dime, mi vida.

—Te…

—¿Qué? Dímelo ya ¿qué?

—Te soy infiel Andrés. Te estoy poniendo los cuernos.

Andrés, empezó a hinchar el pecho, a cerrar los puños, a resoplar como un buey, agarró a Amalia por el cuello, la apretó con todas sus fuerzas. Amalia perdió el conocimiento, sólo por un instante, tendida en el suelo, con la mirada extraviada repetía aquellas palabras como un mantra, y estás a su vez golpeaban desde los oídos hasta el interior de la cabeza de Andrés que ya no sabía dónde estaba, ni que hacía. Sus puños eran molinillos imparables e incansables que molían centímetro a centímetro la piel de Amalia.

Amalia ya casi no podía hablar, estaba totalmente cubierta en sangre, su cara y su cuello totalmente desfigurados. Andrés cansado de darle puñetazos se puso en pie y la pateo una y otra vez por todo el cuerpo, hasta que Amalia dejó de moverse, de chillar, de casi respirar.

Como un soplo de aire, un frío glacial cruzó por la cabeza de Andrés, de repente paró, y vio a su mujer Amalia tendida en el suelo revuelta en un amasijo de sangre, pelo, y piel. Llorando la intentó coger en brazos, las lágrimas le caían en verdaderas cascadas, apartó con una de sus manos los pelos que cubrían la cara de su amada mujer, y por primera vez vio las heridas producidas por sus propios puños, con sus botas, con toda su rabia descargados sobre Amalia.

Aquellas lágrimas incontenibles lavaron las heridas del rostro de Amalia.

Aún no estaba totalmente muerta.

Con los últimos resuellos de vida Amalia le dijo: —Dios existe Andrés, él ha hecho que la muerte me llegará de tu mano, y a él le rendirás cuentas en la otra vida. Adiós mi amor, por que tú siempre fuiste mi amor, y hoy por fin te lo he demostrado…. Adiós—.