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Trastos & Letras

FERIA DEL LIBRO ARAGONES EN MONZON

Buenas! os paso un link con todos los detalles de la feria del libro aragones en monzon que se celebra esta primera semana de Diciembre yo tambien ire

http://actualidad.terra.es/provincias/huesca/articulo/xiv-feria-libro-aragones-monzon-2909172.htm

YO, LAS LETRAS Y LO DEMAS

YO, LAS LETRAS Y LO DEMÁS

Arrinconada y postrada

Me siento cada día,

Con las armas dispuestas

Para la dura batalla.

Desnuda y con valor

Afronto la tempestad,

Y sueño las letras

Y poderlas dominar.

Busco la forma

De ligar y desligar,

Encontrar el sentido

De palabras al azar.

Mas me encuentro sola

En el difícil arte

De crear e imaginar

De enroscar palabras

Y su significado desbrozar

Busco trascender

Al lejano eco

De la mente opuesta.

Intentó revolver

Dentro de mi cabeza

Probabilidades muchas

Posibilidades pocas

Marco el camino

Hacia la nada tosca

Reinvento el despropósito

De la actividad creadora

Muero en el intento

De deshojar amapolas

Margaritas indispuestas

Me niegan la sabiduría

Sus pétalos alternan

Las afirmativas y,

Negativas respuestas

Y al fin quedo yo

Soñando con tulipanes

Fresnos y hayas

Y fresas salvajes

Su olor, su dulzor

Se me prestan

Para crear sin rubor

Poesías como esta

—No se me ensañe

Doña enlabasilica,

Que debe usted saber

Que no soy barroca

Que tengo poca,

O ninguna destreza

Pero sueño poder

Algún día ser poeta—.

He dicho.

Que conste en acta que ésta me ha costado 10 minutos y treinta y ocho segundos, medidos con reloj

El día que le dedique media hora, ¡Ay! igual me sale algo peor, jejejej

POEMA (PESE A QUIEN LE PESE)

POEMA (PESE A QUIEN LE PESE)

Tristeza inmisericorde

Robada a la luz de la mañana

Retomas caminos de verdes alas

Y en las dunas del destino

Aterrizas sin nada.

.

Rutina es el perímetro

Que rodea tus nalgas

Vuelas en semicírculos

Hacia un sexo de telarañas

Nada tienes, menos buscas.

.

Romper el dolor

Es más simple aún

Que las matemáticas

Solo es cuestión

De morir sin balas

.

Soñar, vana ilusión

De regocijos falsos

Vivir, orillas de río

De basura, de agua

De ranas contaminadas

.

¿Para qué, añorarte?

No. No te extraño

Si. Sí lloro,

Partido se fue

El despojo del latido.

marinera y su mundo

marinera y su mundo

Marinera surgió de la necesidad de crearse una identidad falsa, para poder chatear en Internet

Marinera es extremadamente extrovertida, es una mujer, peleona y provocativa, sobre todo con el sexo masculino.

Marinera se identifica con la zona del Mediterráneo, no importa sur este o norte, le da igual. Nació de la canción de Serrat: "Nací en el mediterráneo", ella también, su fin en su existencia es dar una nueva esfera a Mª José, la persona real que la alberga

Marinera es digamos una salida lateral de escape de Mª José, con la particularidad que marinera no es nadie y lo es todo a la vez, comparte vida con su progenitora, es decir yo, pero a la vez tiene su propio mundo, sus propias amistades, su forma de expresarse y sentir, que no siempre coincide con la mía.

Marinera tiene el arte de meterme en muchos líos, y que al final siempre acabo indultándola de su muerte.

Marinera es esencia y substancia de Mª José y a la vez es ella en su totalidad. No tiene padres, ni hermanos, ni familia conocida, ni fronteras reconocidas, es internacional y es un ángel demoníaco que piensa que no hay límites para ella, y en verdad, se gana la carta blanca.

Marinera es casi un institución en Internet, hay muy poquita gente que no sepa de ella, sino directamente por terceros, goza de buena salud y mejor humor, y además se gana amigos aunque diga barbaridades, es anárquica para todo, no tiene distinciones, es amable, sarcástica en demasía, irónica más de lo que debería, y directa además de sublime con sus colegas internautas.

Marinera es un sueño, y una realidad, esta última no la acepta y se queda en un sueño, vivido desde la Campanilla de Peter Pan.

Marinera es un sueño y es tangible, es un centro sin vértice, una circunferencia cuadrada, un ovoide rectangular, o todo lo contrario, Nunca será aquello que quieras, tan sólo lo que no digas

Marinera es amor, es ternura, es rabia, es ira, marinera soy yo

 

 

 

ALQUIEN SE APUNTA A IR AL TEATRO?

ALQUIEN SE APUNTA A IR AL TEATRO?

30 de noviembre. 19.00h.
Centro de Congresos
Teatro de Benabarre La Cardelina
Que me divorcio de Luciano Puyuelo

NOTICIAS: CERTAMEN LITERARIO BARBASTRO

El pleno del Ayuntamiento de Barbastro, en sesión ordinaria, ha dado luz verde por unanimidad a las bases del certamen literario, que en la edición de 2009 incluye cuatro convocatorias diferentes. También se ha aprobado una propuesta relativa a reclamar el mantenimiento de los servicios de la estación de ferrocarril de Monzón.

El XL Premio de Novela Corta “Ciudad de Barbastro”, el XLI Premio de Poesía “Hermanos Argensola”, El Certamen “La mueca del pícaro” y el X Premio de Narrativa Escolar son los cuatro premios convocados este año. Las bases de esta convocatoria siguen la misma línea de anteriores ediciones aunque con dos modificaciones: los premios tendrán, a partir de esta edición, la denominación de internacionales ya que a ellos concurren escritores de todo el mundo, y la convocatoria anual del Certamen “La mueca del pícaro”, que hasta ahora era bianual.

ankhara ¿dónde estass...?

ankhara ¿dónde estass...?

Tierra inerte de sombras emergentes,

sombra de luna en  horizonte abandonado.

 

 

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO

VIOLENCIA DE GÉNERO

Hay algo que nunca entenderé. ¿Por qué una mujer puede llegar a depender tanto de un hombre, y de tal forma que se deje matar por él?

Hoy os voy a contar una historia que bien podría ser real, en la que se plantea la pregunta anterior, y a la que no logró darle explicación.

MATAME, QUIERO MORIR DE TU MANO.

Amalia, se levantó de la cama como borracha, su cabeza estaba más abotargada que de costumbre. Oía a los pájaros cantar en el jardincillo de la puerta trasera. Se imaginó una linda mañana de primavera en su cabeza dolorida. No la podía ver. No quería levantar las persianas.

Sabía que la noche anterior, todos los vecinos habían sido testigos no presenciales de la fuerte discusión mantenida la noche anterior.

Se había ido, y… ¡Ojala, no volviese nunca!

Las mañanas antes de conocerlo eran brillantes, llenas de vida, eran ventanas asomadas a la esperanza, eran, eso… tan sólo mañanas. Tranquilidad, felicidad, alegría, señal de que un nuevo día se abría y posibilidad de encontrar ese ansiado amor de su vida.

El mismo día que lo vio supo que era él, y así fue.

Andrés era un chico maravilloso, con unos ojos azules intensos, y de mirada casi inquisitiva. Una sonrisa que enamoraba, tanto por sonoridad como por su impecable dentadura blanca, brillante y cuidada.

Cuando le propuso que fuese su novia, no cabía en si de gozo. Era amable, cariñoso, casi en exceso, siempre pendiente de su ropa, de sus miradas, de su sonrisa, de sus palabras.

Había algo en su conducta que la asustaba un poco, y es que siempre buscaba sitios solitarios, pero nunca le hizo ni le dijo nada que la ofendiese. Era muy correcto y para todo pedía permiso. Aún recordaba el primer día que estaban a punto de besarse y él le pregunto: ¿Puedo?

En la ensoñación de ese recuerdo una sonrisa le amaneció en la cara. Pero cuando llegó al lavabo y vio su cara reflejada en el espejo, toda la magia se rompió, igual que se rompieron la noche anterior sus pómulos, su ceja, su labio superior, y una de sus palas bajo el puño hiriente y ofensivo que sólo buscaba la sangre en su tacto.

Al rodar de sus lágrimas, otro recuerdo feliz le llegó. El día en que se casaron. Lo pasó mal, pues Andrés estaba muy nervioso, miraba constantemente vigilando a todos los invitados, a los que se les iban los ojos detrás de ella.

Y no era de extrañar, estaba hermosa, radiante, nunca lució su rostro una alegría mayor. Su pecho se le salía de gozo. ¡Cómo amaba a ese hombre!

La noche de bodas, fue irrepetible, no había en el mundo hombre más enamorado que Andrés, todo él se deshacía en carantoñas, caricias, palabras tiernas, besos, hasta cuando le hizo el amor derramó en ella tal suavidad, tal paciencia, que ella pensó que había alcanzado el mismo cielo. No podía creerse la suerte que había tenido.

Él le decía lo hermosa que era a cada momento, cuanto la iba a mimar y a cuidar, recuerda como cogió sus manos y las llenó de besos, y juró y perjuró protegerla y mimarla hasta la locura.

¡Locura! Esa palabra le hizo recordar otra clase de locura.

Se dejó caer descuidadamente, resbalando por las baldosas del cuarto de baño. Miró sus manos, antes envidia de todas las vecinas, ahora motivo de vergüenza, soledad y aislamiento. Siempre salía a la calle con guantes, decía que la alergia al sol le provocaba ronchas muy dolorosas. Perdió su mirada entre los múltiples arañazos, golpes, quemaduras y hasta diminutas mutilaciones en los dedos producto de las brutales palizas y ensañamiento cuando su marido entraba en estado de shock, tras una crisis de celos.

En su cabeza navegaban ahora, los primeros síntomas de su enfermedad asesina. Recordaba las pequeñas discusiones que tenían cuando se pintaba o se arreglaba para ir a hacer la compra, y ella se lo tomaba a broma y le mandaba besos y guiños de ojos que tan a menudo se dedican las parejas de enamorados. Entre el llanto y las lágrimas, se intentaba superponer la sonrisa de antaño, pero el dolor de su mandíbula amoratada e hinchada le convenció de que definitivamente era una mala idea.

No era tiempo para la alegría, si no para el sufrimiento. Su cabeza no podía pensar, solo su corazón pedía con gritos desgarrados pero inaudibles que aquello terminase, que no volviese nunca más, pero el siempre volvía y ella siempre lo perdonaba.

Al principio fueron las palabras que pasaban de un gradiente a otro más lesivo, cada día avanzaban en la degradación de su imagen, de su autoconfianza, de su autocontrol, hasta llegar a nada. Los “pareces” se convirtieron en “eres”, los “¿no te da vergüenza?” a “desvergonzada”, los “como una cualquiera” en directamente “puta”. Cuando las palabras ya no fueron suficientes para calmar la zozobra del empellón, empezaron los guantazos con la mano abierta, los escupitajos, los puñetazos en las puertas, en las paredes, los gritos en lo techos, nada podía parar ya la ira y la demencia de aquel que se declaraba enamorado y fiel custodio de la felicidad de Amalia.

Desparramada en el baño, desnuda, a medio cubrir con un albornoz, dejaba al descubierto aquellas maravillosas piernas que antaño lucía debajo de unas minifaldas. Ahora entre sollozos miraba y rebuscaba en ellas algún vestigio de lo que fueron en otros días, donde el sol brillaba desde el amanecer hasta el anochecer.

Desde hacía unos cuantos meses, quizá más de un año, las llevaba con medias negras gruesas, y a las que preguntaban, que cada vez eran menos, les decía que llevaba esas medias por recomendación del médico por que tenía muy mala circulación. Pasó sus macilentas manos por sus piernas como acariciándolas, y descubrió seis moratones más que los de la semana anterior. Se dio cuenta del deforme abultamiento en su rodilla izquierda. No se había percatado del dolor hasta que presionó con el dedo, estaba lleno de líquido sinovial. Se levantó lenta y torpemente hasta erguirse y abrir el armario del espejo. De el sacó unas agujas de jeringuillas, y se las aplicó directamente al bulto, ya tenía experiencia en estos sucesos.

¡Andrés! Le vino a la cabeza ese nombre como una salvación, ya no recordaba cuando fue la primera paliza de verdad, con puñetazos y patadas, ya no recordaba el motivo que la produjo, sólo quería saber ¿por qué? Esa respuesta no llegaba, sólo llegaban golpes y más golpes. Ahora ya no necesitaba un motivo para pegarla, sólo tenerla delante lo enfurecía, y si no la tenía aún lo enfurecía más.

Ya nada tenía remedio. Tenía que vestirse y arreglarse, eran casi las doce del mediodía y Andrés estaría a punto de llegar. No había tiempo que perder.

Ducharse no le pareció una buena idea, mejor hoy sólo se lavaría bien. Se recogió el pelo con las manos, el peine haría que sus heridas ya secas volviesen a sangrar. Se puso una bata amplia encima del pijama. Y se fue a hacer la cama, limpiar el cuarto de baño. Cuando acabó maquinalmente se metió en la cocina para hacer la comida.

Hoy le prepararía su comida preferida, le pondría la cubertería nueva y la nueva vajilla que le regaló Andrés por Navidad. Necesitaba tiempo para cuidar las nuevas huellas del amor de la noche anterior.

Ya lo tenía todo preparado.

Andrés abrió la puerta despacito.

—¡Amalia! ¡Amalia, cariño! Mira te he traído flores, y unos bombones.

—Andrés… ¿Qué pronto has llegado? ¿Qué ha pasado?

—Nada mujer, te traje unos regalos para que perdones mi comportamiento de ayer. Tú sabes que yo te quiero mucho, Que yo por ti haría cualquier cosa. ¿A qué lo sabes amor?

—Sí, lo sé —respondió con un hilillo de voz—. Lo sé.

Amalia lo vio claro, era cuestión de unas pocas palabras y todo acabaría.

—Andrés…

—Dime, mi vida.

—Te…

—¿Qué? Dímelo ya ¿qué?

—Te soy infiel Andrés. Te estoy poniendo los cuernos.

Andrés, empezó a hinchar el pecho, a cerrar los puños, a resoplar como un buey, agarró a Amalia por el cuello, la apretó con todas sus fuerzas. Amalia perdió el conocimiento, sólo por un instante, tendida en el suelo, con la mirada extraviada repetía aquellas palabras como un mantra, y estás a su vez golpeaban desde los oídos hasta el interior de la cabeza de Andrés que ya no sabía dónde estaba, ni que hacía. Sus puños eran molinillos imparables e incansables que molían centímetro a centímetro la piel de Amalia.

Amalia ya casi no podía hablar, estaba totalmente cubierta en sangre, su cara y su cuello totalmente desfigurados. Andrés cansado de darle puñetazos se puso en pie y la pateo una y otra vez por todo el cuerpo, hasta que Amalia dejó de moverse, de chillar, de casi respirar.

Como un soplo de aire, un frío glacial cruzó por la cabeza de Andrés, de repente paró, y vio a su mujer Amalia tendida en el suelo revuelta en un amasijo de sangre, pelo, y piel. Llorando la intentó coger en brazos, las lágrimas le caían en verdaderas cascadas, apartó con una de sus manos los pelos que cubrían la cara de su amada mujer, y por primera vez vio las heridas producidas por sus propios puños, con sus botas, con toda su rabia descargados sobre Amalia.

Aquellas lágrimas incontenibles lavaron las heridas del rostro de Amalia.

Aún no estaba totalmente muerta.

Con los últimos resuellos de vida Amalia le dijo: —Dios existe Andrés, él ha hecho que la muerte me llegará de tu mano, y a él le rendirás cuentas en la otra vida. Adiós mi amor, por que tú siempre fuiste mi amor, y hoy por fin te lo he demostrado…. Adiós—.

ISEETH

ISEETH

Gran apasionada de la historia egipcia, le viene de familia, ya que su abuela fue una conocida egiptóloga, que en sus tardíos años  se dedico a inculcarle el amor por Egipto

 

Por problemas económicos no ha podido aun viajar a ese país que siente como suyo.

 

Fantasiosa, pasa horas y horas leyendo novelas sobre su tierra y conoce al dedillo todos sobre su historia.

 

Enamorada de la astrología y muy suya

 

Es una persona abierta, pero que guarda secretos, muchos de ellos dolorosos, eso le hace ser una persona enigmática.

 

Persona Leal y muy sensible, aunque tenga aspecto frío, no entiende todavía que hay gente en la que no se puede confiar, eso hace que se lleve no gratas sorpresas en la vida

 

Le gusta la naturaleza y su mascota favorita es un siamés  con el que se entiende a la perfección.

 

Vive sola, porque le gusta la soledad, ya que sus padres viven en una finca enorme muy cerca de ella

 

De parejas inestables ya que da mucho en la relación y espera perfección, algo que aunque no sabe, nunca encontrara

 

 

EL BESO

El secreto es un adorno muy atractivo para las cosas o los hechos. La curiosidad es el contrapeso que exhibimos para hacer de un secreto, algo inquietante, una aventura, un descubrimiento.
Imagino el otoño en el que Klimt enfundado en el secreto de su genio creó su obra máxima: el beso. Al desvelarse la magia de su creación participamos del más luminoso otoño vivido. El brillo del oro deslumbra y la fuerza de las figuras trocea la respiración. No me importan las explicaciones de prepotencia, o de la proximidad del precipicio (aviso de peligro) El amor encapsulado en el beso mantiene la tensión de la mirada y la eleva al climax de la fragilidad tozuda de los amantes. Era un secreto de otoño que ha florecido eterno para la inspiración.
El señor Gustav Klimt es un don para la humanidad en el que creo que habría de sumergirme. De momento simularé que las aguas de tu tacto son como el pan de oro en el que reflejarme.

guisantes

Siempre con mis ojos tapados por una venda y con musica de Enia en el ambiente. Cada noche hacíamos el amor en un lugar distinto. Sólo un pasaje común: esa sensación de placer, ese cosquilleo por todo el cuerpo. Primero por la espalda desde las nalgas hasta el punto g de los lóbulos de las orejas. Después por delante, entrando en la vagina, produciendo escalofríos sublimes, y subiendo por toda la anatomía, despacio, despacio, recreándose en el pecho, hasta erizarme toda la piel para acabar en un beso profundo que daba paso a otro capítulo de esa enciclopedia del amor.

Aquel amante pasó y otros después, pero ninguno arrancó de mí sensaciones como las de la escena que he narrado. Quedó para el misterio aquella técnica que yo sólo sentía en la piel, pero nunca pude ver. Al fin hoy lo sé. La magia de aquellos momentos se conseguía con una bolsa de guisantes a medio descongelar. Las pequeñas bolitas producían el gusto de un masaje y el frío acrecentaba el choque sensorial haciéndolo genial.

Nunca olvidaré el placer que disfruté vendada y jugueteando con los guisantes. Ahora que lo sé todo, no dejo de pensar cuanto amor debo a los guisantes.

Cuando mi hija me dice: mamá, no me gustan los guisantes, la miro picarona y le contesto: no te preocupes, ya te gustarán.